El tiempo de la incertidumbre (Cápsula 1)

Hemos perdido la memoria del nombre del sol, de nuestro planeta y de nuestro satélite. ¿Quién decidió que teníamos que olvidar sus nombres?”

La incertidumbre hoy en dia reina en el mundo… hemos entrado efectivamente en un ciclo de incertidumbre quien afecta a todos los ámbitos: económico; social con sus rumores más apremiantes acerca de explosión y disturbios; la incertidumbre sanitaria con la “promesa” de una pandemia inminente; la incertidumbre climática… “No puede ser peor”, exclama el pesimista. “¡Pero sí, sí, claro que sí!”, Responde el optimista.

El malestar se ve reforzado por una información de indigente, donde todo se baña en una especie de desenfoque donde aparecen noticias, luego, desaparecen y se olvidan inmediatamente. Sólo queda un ruido de fondo.
El hecho de que los canales de información y las emisoras de radio se hayan transformado gradualmente en canales de deportes, corresponde a dicho hallazgo perturbador. En pocas palabras ya no estamos seguros de nada. La realidad se vuelve evanescente y el proceso se acelera cada día un poco más. Somos testigos del cambio de polos de la psique humana con la desorientación, la inversión de valores, la violencia abierta, institucionalizada, la impotencia.

Y todo aquel diciendo “el mundo se está volviendo loco; andamos sobre la cabeza; vamos directamente hacia la pared… ”
¿Quién es responsable de este colapso en cascada ? ¿Cuál es esta fuerza irresistible que nos lleva directamente a la pared?
Dondequiera que miremos la incertidumbre está en todas partes. Las amenazas, tales entidades sin forma parecen estar de guardia, listos para emerger de las profundidades oscuras. En este mundo cada vez más vago, de contornos vaporosos, aparecen entonces criaturas desconocidas que se mezclan y se funden con las tinieblas.

¿Es esto realmente cierto? ¿Cómo saber de una realidad donde los hechos se esfuerzan por superar la ficción? ¿Finalmente que es lo que queda de lo realmente seguro en nuestros tiempos…? La pregunta sin embargo es terrible para los seres que creían hasta hace muy poco haber alcanzado la cima de su desarrollo y que parecen haber perdido repentinamente el control… Pobre humanidad que creía haberse emancipado de la naturaleza, haberse domado los elementos por su sola inteligencia y por su ciencia; que se veían ya reinando como tenientes de la tierra, su posesión.

Un amigo el otro día me hacia esta reflexión. No se conoce, posee, domina, maestría, realmente las cosas hasta que no se le asigna un nombre. Conocer los nombres de las cosas, de las personas, es de una determinada manera poseerlas, sino que también les dan una existencia. Para negar a un individuo, quítale su nombre… El ejemplo más emblemático está en la Biblia, más exactamente en Génesis que señala la raíz del ser humano. Recuerde: 1.26 (…) que domine sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo, sobre las bestias, sobre toda la tierra, y sobre todo, sobre los reptiles que se arrastran sobre la tierra. (…) 2.19 (…) y los trajo a Adán para ver qué nombre les pondría; para que todos los seres vivos llevara el nombre que le daría el ser humano… 2.20 Y Adán le dio nombre a todo ganado, a los aves del cielo y a todos los animales del campo.

Así que, como ves, el hecho de dar un nombre o conocer un nombre permite tener un poder sobre el ser o la cosa nombrada … Este es también el motivo por el que el verdadero nombre de Dios fue desconocido de los humanos en la tradición, y en todo caso impronunciable. El nombre de Dios era tabú.

Ahora transferimos este concepto hacia el cosmos. Es un hecho que todas las estrellas en el cielo tienen un nombre, incluso si consta únicamente, de una letra seguida de un número. Del mismo modo, en el sistema solar, todos las planetas tienen nombre: Mercurio, Venus, Marte… etc. Los satélites de estos planetas también tienen nombres: Phobos, Titán, Europa… etc.

El hombre le asigno un nombre a todas las estrellas del cielo, todas las constelaciones, como para mejor asentar su sentido de dominio sobre la naturaleza y los elementos. De hecho, es reconfortante poder asignar un nombre a lo desconocido. Sin embargo, hay una extraña paradoja. Todos los planetas tienen un nombre menos la Tierra, que es literalmente, una tierra de otras muchas tierras en el sistema solar; todos los satélites tienen un nombre, excepto nuestra Luna, que es literalmente, una luna entre otras lunas del sistema solar … Es lo mismo de nuestro Sol, que es un sol de millones de soles.

Curioso, sin embargo, que estas tres excepciones. Sin duda, la Tierra tal vez tuvo un nombre en el pasado. La luna y el sol también, ciertamente. Esto es sin duda, en todo caso que el sol, la Tierra y la Luna ya no nos pertenecen, si nunca nos pertenecieron.

¿Quién ha decretado que nunca tendríamos la sensación de dominio en el planeta en el que vivimos? ¿Quién nos ha desposeídos? ¿Creéis que el azar tiene cualquier cosa que ver con eso? No, en realidad sólo el propietario del sitio puede ordenar tal maldición. Además, hemos perdido la memoria del nombre del sol, de nuestro planeta y de nuestro satélite. ¿Quién decidió que teníamos que olvidar sus nombres? Algunos dicen Gaya otros Urantia… Con lo cual, como he dicho al principio, estamos de todas formas condenados a la incertidumbre.

Os invito ahora a aventurarse en un tiempo nuevo: el tiempo la revelación.

La búsqueda será larga.

A seguir. Cita para la próxima cápsula dentro de 3 semanas.

ROCH SAÜQUERE

Traducido por Encarna Gutiérrez Bautista

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