El tiempo de la incertidumbre (Cápsula 5)

Divide y vencerás. Por lo tanto es así que hoy en día existen las tres principales mitologías bajo su dominio, el judaísmo, el cristianismo y el islam. Esta división, que generó millones de muertes en la historia aseguró su omnipotencia sobre el mundo.

Los lectores que lo desean pueden sumergirse en la lectura de las cápsulas anteriores que están disponibles en nuestro Blog. Podrán encontrar, en particular, nuestra primera cápsula que es una introducción a la problemática que vamos a discutir hoy. Así terminamos el episodio anterior afirmando que Amón era Atón quien era el mismo Yahvé.

Para afirmarlo me baso en un pasaje emblemático de la Biblia, por desgracia, demasiado poco conocido, pero que me parece lleno de significado: “Isaías 19:25. ¡El Eterno de los ejércitos los bendecirá diciendo: Bendito sea el pueblo mío, Egipto, y Asiria obra de mis manos, e Israel mi herencia! ”

Podemos deducir de esta frase que los “dioses” (en realidad un grupo de “extraterrestres” fuera de rango, también llamados “ángeles caídos”) se han asentado en Mesopotamia donde fundaron a su medida las ciudades de Ur, Babilonia, Balbek… etc. La tradición sumeria cuenta con razón que estas ciudades fueron construidas por dioses serpientes. Aquí es por lo del término “la obra de mis manos.”

Es bastante obvio que, estos “dioses”, o debería decir “falsos dioses” al estilo de Stargate, eran del género bélico. Eran dirigidos por varios líderes que se compartían la dominación de la Tierra y peleaban sin cesar sus territorios. Entre los textos más antiguos “la Ilíada” de Homero, no cuenta otra cosa. El pueblo de Sumeria y Babilonia temían los nombres de Enlil, Enki, Baal, Marduck… Mientras que los griegos temblaban ante la mención de la ira de los dioses del Olimpo. Las diversas mitologías nos enseñan que los mismos dioses que tienen las mismas atribuciones, se presentaban a los hombres bajo varios aspectos y bajo diferentes nombres, dependiendo de la ciudad y de la época. Así, el Panteón de los romanos era una reactualización del Olimpo de los griegos, y uno puede suponer que los grandes santos cristianos no son más que en última instancia, extensiones de estos “dioses” antiguos cambiando una vez más de nombre.

De todos modos, todos estos nombres de “dioses” que han llegado hacia nosotros son de hecho mentiras. Son tales la imagen del desprecio mostrado por estos “dioses” hacia la criatura humana, diseñada por ellos para servir como esclavo. Por lo tanto, hay que llegar a la evidencia, que no sabemos y nunca sabremos el nombre real de estos seres.

Un pasaje del Génesis nos da un buen ejemplo. “32.26. Dice: Déjame irme, porque raya el alba. Y Jacob contestó: No te dejaré ir, si no me bendices. 32.27. Él dijo: ¿Cuál es tu nombre? Y dijo: Jacob. 32.28. Dijo, tu nombre ya no será Jacob, sino Israel serás llamado; porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido. 32.29. Jacob le preguntó, diciendo: déjame saber por favor, tu nombre. El contesto: ¿Por qué preguntas por mi nombre? Y lo bendijo allí. ”

Este pasaje es ejemplar porque nos muestra dos cosas. La primera es la facilidad con la que estos “dioses” suelen cambiar de nombre en cada menor oportunidad. La segunda es que el “dios” se irá sin dar su nombre. Notar de paso que el “dios” tiene un problema ligado a la llegada del día…

Volvamos a la frase de Isaías.

Ansioso por empezar una nueva experiencia, el jefe “extraterrestre” decidió aislar una parte de la manada humana en un territorio vecino de Mesopotamia, Egipto. Entonces se cambió de nombre. Amón (Nuevo Imperio) es sólo uno de los muchos nombres bajo los cuales ejerzo en Egipto.

Aquí es donde su nuevo “pueblo” empezó a prosperar. Aquí es, por lo del término de “mi pueblo” en la frase de Isaías.

Finalmente para perpetuar su poder que se extendía en superficie, le quedaba asegurar su control sobre la humanidad. Él sabía que el hombre, esta frágil criatura, temerosa e ignorante, heredó de su creador un carácter rebelde e sin disciplina. Para dirigir mejor los hombres, Amón resolvió dividirlos mientras se iniciaba la exclusión gradual pero inevitable de los otros “dioses” mediante la introducción del monoteísmo. Porque su propósito era reinar como único dueño absoluto sobre la Tierra, dejando a sus compañeros, sus barones, un papel de subordinado.

Así desempeñó un doble juego. Para preparar las mentes, primero inició bajo el nombre de Atón, el primer cisma en el reinado de Akhenatón. Entonces, después de la destitución de Akhenatón, exhortó a Moisés al éxodo, prometiéndole una tierra que mana leche y miel, sin dejar de ser muy impreciso acerca de su nuevo nombre. “Éxodo 3,13 Moisés dijo a Dios: entonces iré hacia los hijos de Israel y les diré: El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros. ¿Pero si me preguntan cuál es su nombre, que les diré? 3.14. Dios dijo a Moisés: Yo soy el que soy. Y añado: Así le dirás a los hijos de Israel: El que es llamado “Yo Soy” me ha enviado a vosotros. 3.15. Mas Dios dijo a Moisés: Así dirás a los hijos de Israel: El Eterno, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob, me envía a vosotros. Ese es mi nombre para siempre, y este es mi nombre de generación en generación. ”

Una curiosa forma de no responder, una vez más.

Aun así, al mismo tiempo, bajo la identidad de Amón, aseguraba Faraón de su apoyo “Éxodo 9.12. El Eterno endurece el corazón de Faraón, y Faraón no escuchó Moisés y Aarón, tal y como El Eterno se lo había dicho a Moisés”.

Esta última citación revela las artimañas de un mismo “Dios” que manipula los dos campos en su único interés y sin tener en cuenta al esclavo humano.

El resto es historia y el episodio de las plagas que culminó en una matanza en el lado egipcio y 40 años de éxodo en el desierto para los hebreos. Del éxodo nació Israel su legado; el legado de todos sus esfuerzos. Aquí es en términos lo de “mi legado” en la frase de Isaías.

Más tarde, a medida que se extendía su poder sobre un número creciente de pueblos, adaptaba su estrategia: divide y vencerás. Por lo tanto es así que hoy en día existen las tres principales mitologías bajo su dominio, el judaísmo, el cristianismo y el islam. Esta división, que generó millones de muertes en la historia aseguró su omnipotencia sobre el mundo.

Hay tantos ejemplos de la importancia del nombre en el Antiguo Testamento que es imposible mencionarlos todos. Les invito a descubrirlos por sí mismo.

Aquí hay otro: “Éxodo 23:13. Vais a consignar todo lo que os he dicho, y no hacer ninguna mención del nombre de otros dioses, que no se oiga salir de vuestra boca”.Hay algo en todo esto que hace eco con lo que dije en la primera de mis cápsulas “… el hecho de dar un nombre o de dar a conocer un nombre permite tener poder sobre el ser o la cosa nombrada.” Sin lugar a dudas estos “dioses” dejan de dar cualquier poder a su criatura…

Todavía hay mucho que decir, tantos matices que aportar a todo esto. Volveremos a estos misterios. Sólo quiero terminar con un último ejemplo sacado del Nuevo Testamento, “Revelación 19:12. Sus ojos eran como llama de fuego; sobre la cabeza había varias coronas; tenía un nombre escrito que nadie conocía, sino él mismo”.

Seguimos…en la cita del próximo 21 de Mayo.

Roch Saüquere

Traducido por Encarna Gutiérrez Bautista

 

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