El comienzo (Cápsula 17)

No, no estamos en la tierra para pagar una culpa, ni incluso para crecer y mejorarnos a fuerza de sufrimiento… Sólo un padre degenerado podría optar como método de educación con el fin de que progresen sus hijos, el terror, la tortura, la humillación y la violencia. ¿Quién puede creer tal elección por parte de una Conciencia Divina que habría alcanzado la perfección?

La observación, al alba, en la bruma, de un cervatillo amamantando a su madre, siempre me inspiró la espantosa visión efímera de la decrepitud y de la muerte que nos espera. Siempre me he preguntado acerca de la naturaleza de este mundo que nos muestra la más majestuosa belleza, que nos la hace amar para, al final, privarnos gradualmente de todo. ¿Cómo entender un sistema donde la felicidad sólo dura un instante, y donde la amargura y la angustia vienen a llenar nuestra vida de cada día, mientras que solos nos vemos cruzando este valle de lágrimas y de sufrimiento?

¿Qué Dios, de qué religión podría ser tan cruel con su criatura? …
Cuanto más observaba y saboreaba la increíble belleza de la Matriz, más apreciaba la pureza de sus líneas, su realidad en todas sus facetas, más admiraba la complejidad de las pequeñas cosas que se entrelazan y la componen, desde lo infinitamente pequeño a lo infinitamente grande, más veía la condición humana inaceptable. La revuelta crecía en mí. El innoble propósito de implantar al corazón de esta magnífica creación un ser tan torpe como el humano, vulnerable, genéticamente defectuoso y por desgracia para él, con una conciencia justo suficiente para disfrutar del placer de estar vivo sabiendo que este placer experimentará un ineluctable final después de un interminable descenso. Miré a este hermoso mundo el cielo, las estrellas, consciente de que era engañoso y que algo estaba fuera de lugar.

¿Por qué el intercambio continúo de energía tras este mundo en toda su coherencia y cohesión, está en base enteramente en su propio consumo, es decir, la depredación y su corolario la putrefacción? La cierva es devorada por el león; El bebé tortuga triturado incluso antes de haber probado la sal del mar… por todas partes la belleza y la pureza compiten efectivamente a la depredación y la putrefacción. Y eso es lo que hace el mundo, y que hace que este mundo es en realidad la parte trasera de un decorado.

Entonces me di cuenta de que todo esto estaba vinculado a la cuestión del TIEMPO, y que esta matriz atrofiada, por su propia estructura, llevaba consigo su propia maldición. Y la visión de Saturno devorando a sus hijos se impuso a mí como la metáfora del mundo real que necesita un festín ad vitam aeternam de sus propias entrañas para seguir existiendo y mantener el equilibrio en el caos.

Me dije que si yo era capaz de ver y experimentar esta realidad como un horror injustificable entonces es que tiene que haber en el hombre algo externo a este mundo y que era Verdadero, más allá de todo condicionamiento.

Busqué respuestas en las religiones que nos dicen que toda nuestra desgracia es culpa del hombre, o que es un mal necesario en nuestro proceso evolutivo… tenemos que aceptar nuestro destino y someternos a lo largo de nuestra existencia ya que es la condición para acceder al paraíso o a un mejor karma en otra vida.

No había ninguna esperanza que esperar de este rollo infantil. Como mucho la humanidad, en su situación de extrema angustia, quizás podría encontrar un poco de consuelo. No obstante, no, no estamos en la tierra para pagar una culpa, ni incluso para crecer y mejorarnos a fuerza de sufrimiento… Sólo un padre degenerado podría optar como método de educación con el fin de que progresen sus hijos, el terror, la tortura, la humillación y la violencia. ¿Quién puede creer tal elección por parte de una Conciencia Divina que habría alcanzado la perfección? Llegue a la única conclusión lógica: que este mundo era una creación imperfecta, una pálida copia de la original, diseñada para satisfacer las necesidades y satisfacer la desviación de una banda de bichos raros desesperados: los falsos dioses.
Me di cuenta, de paso, que el hombre no era LA criatura divina. A pesar de su “inteligencia superior” su aparente dominio sobre los elementos, era todo lo contrario.

De hecho, el hombre es una criatura genéticamente modificada que ha heredado los defectos de sus creadores, los falsos dioses. Creado para servir a su amo, el hombre hasta es la última y más desafortunada criatura ya que la vistieron de una inteligencia artificial (programa primario) desarrollado lo suficiente como para que le permitiera entrever los conceptos de la inmortalidad y darle consciencia de la inevitabilidad de su propia muerte. Esto hace que tenga como efecto darle la vida insoportable.

Pero dado que este mundo es una “copia”, diseñada a partir de una realidad original, me dije que una parte de la “emanación suprema” debía obligatoriamente estar allí. Tuvo que ser desviada y atrapada en este mundo de ilusión. Lógicamente debió adaptarse a la situación y soportar sin dificultad el choque de desaceleración vibratoria repentina, consecutiva a la transición que había dado lugar a un aumento de la densidad, hasta congelar el campo de energía etérica en la materia. Quedaba por identificar esta “fuente de inteligencia” para la cual, más allá de todas las apariencias, este mundo inacabado, quedaba como un patrón excéntrico en el que podría seguir creciendo y prosperando.

Como cualquier criatura biológica está condenada a la decrepitud y la muerte, no se debía buscar ni por el lado del reino animal, ni por el lado del reino vegetal. En la escala de una vida humana la propiedad mineral ofrece una semblanza de inmortalidad, pero esto es una ilusión, y él también está condenado al polvo.

Así que tuve que buscar una Inteligencia perfecta, una pura energía en la que el tiempo no tiene poder. El denominador común en todas las experiencias de lo vivo; inmortal, a quien y para quien todos los esfuerzos de creación convergen. Por último cuando lo identifiqué, me pregunté cómo podíamos haber pasado tanto tiempo al lado de esta evidencia. Sin lugar a dudas, el ego, uno de los factores esenciales de nuestra programación puede explicar esta ceguera. Debido a su acondicionamiento, es casi imposible, de hecho, al hombre admitir que no es el centro de la creación. Sin embargo, los hechos están ahí: la “inteligencia” apta a evolucionar en total armonía en este mundo, la que tiene todos los favores de la naturaleza, este es el ADN.

El ADN se declina en tantas especies que seres vivos hay en la tierra. EL ADN es múltiple y sin embargo es UNO, porque está en constante comunicación con sigo mismo cual sean los individuos o especies. Él experimenta; él aprende; él guarda en memoria. Tiene conocimiento de todas las cosas, y comparte sus conocimientos de generación en generación. Cada ser vivo es para él una oportunidad de experimentar, un vehículo que le permite cruzar la muralla del tiempo. El ADN es inmortal, muta cuando él lo decide, y se adapta a todas las condiciones, ya que la creación original fue diseñada para su florecimiento, y no puede ser de otra forma para la copia.

En esta matriz, el ADN sigue siendo así un espejo-emanación de la “Conciencia”. Por lo tanto, por naturaleza, el ADN-león, por ejemplo, no es malo. No hay crueldad en él. El león depredador proviene de la estructura de la matriz, y el león para sobrevivir debe obedecer a sus leyes.

¿Y el hombre que hace en todo esto? El hombre tiene un lugar a parte. Es una creación genética de los amos de este mundo que se atrevieron a limitar y cambiar el ADN adrede. El hombre es una abominación de los falsos dioses en el sentido de que su diseño contra naturaleza le condena y lo expone al peor de los sufrimientos… Como lo he dicho con frecuencia, el hombre nunca fue parte del plan divino. El hombre es doble. Vive desgarrado entre el ADN artificial que lo constituye, y su programación. Pero también es triple, ya que está infiltrado por un “comando de élite”, una “Conciencia” que llegó directamente desde el mundo original… pero de todo esto hablaremos pronto.

Continuamos… el próximo 7 de Febrero 2017

Roch Saüquere

Traducido por : Encarna Gutiérrez Bautista

Foto: IMAGINA Barossa Bolt | Luke Tscharke

 

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