La criatura ante los ojos del creador (Cápsula 18)

 

En realidad cómo hacerles entender que deben mirar a todas estas religiones como variedades de fármacos destinados a aliviar una sola enfermedad que afecta a toda la humanidad: la conciencia de la inevitabilidad de la muerte.

Antes de seguir con la cuestión del ADN, tema esencial del que hablamos en la cápsula anterior, quisiera volver sobre el verdadero lugar que tiene el hombre en el corazón del “Rey del mundo”, esto con el fin de acabar con nuestras últimas ilusiones.

A menudo recibo llamadas y converso con personas que desean compartir conmigo el testimonio de su fe en tal o tal religión. Cada vez me siento incómodo cuando me dicen que sólo su religión lleva en ella la Verdad Revelada, ósea la palabra de Dios. Como prueba tienen, que esta religión les trajo la salvación y la paz. Siempre es el mismo discurso, cual sea la religión. ¿Y hay tanta sinceridad… que les puedo contestar?

Sé lo poderosa que es la programación del virus humano. Le infunde al hombre la irresistible necesidad de convencer y de convertir, a veces mediante la amenaza o la fuerza, su próximo a su causa, cualquiera que sea la causa. En realidad cómo hacerles entender que deben mirar a todas estas religiones como variedades de fármacos destinados a aliviar una sola enfermedad que afecta a toda la humanidad: la conciencia de la inevitabilidad de la muerte. Pocas personas son inmunes contra este mal que afecta significativamente nuestras vidas.

Si la medicación que están tomando es buena, si alivia y les proporciona consuelo, muy bien, perfecto. Pero esto no significa que el mismo medicamento tendrá la misma eficacia para todo el mundo. Por lo tanto, varios tratamientos se han desarrollado para aliviar a los enfermos que somos. El objetivo, obviamente, no es el de curarnos. El remedio sería revelarnos la verdad. No, aquí el remedio está destinado a estabilizar la enfermedad hasta ser soportable para el paciente para que siga siendo dependiente de la medicación para el resto de su vida.

Naturalmente, todo esto fue concebido para el beneficio de los falsos dioses que crearon la enfermedad específica, diseñaron los remedios, y los han “comercializados”. Los pacientes ignoran estas sutilezas. Los adeptos sienten un tal consuelo, que se olvidan de las limitaciones que impone el tratamiento, los efectos secundarios, y la amenaza de la contra-indicación que pesan sobre ellos constantemente. No es fácil hablar de esto por teléfono… No es fácil decir que no hay amor detrás de todo esto. Sólo una lógica fría de consumo de energía, de depredación y de putrefacción al servicio del funcionamiento de la Matriz.

No es fácil de decir también que de los dos, de la criatura y del Creador, sólo el hombre es capaz de amor, ya que el virus humano ha sido infiltrado por un comando de élite (el alma) con la misión de salvar la Tierra.

Las evidencias de la falta de amor por el “Maestro de este mundo” por nosotros son legiones. Aquí es sólo un ejemplo relacionado con esta noción de inevitabilidad de la muerte. El “virus humano”, robot biológico, se ha visto equipado de un programa primario, una inteligencia artificial… y de una fecha de caducidad. En otras palabras, al igual que cualquier mercancía corruptible, el hombre está aparejado desde su diseño, de una fecha de caducidad que figura en su código genético. Admitid que no es francamente una prueba de amor. Una vez que la fecha ha pasado, el hombre se ve eliminado del sistema, reciclado, no sin proporcionarlo el mismo, sustituyéndose a través de la reproducción. El ADN mantendrá todo esto en memoria. Pero este no es el tema de hoy.

Esta fecha de caducidad, los textos antiguos nos la da precisamente. Génesis 6.3: Y dijo Jehová: Mi espíritu no se quedara para siempre en el hombre, porque el hombre solo es carne, y sus días serán de ciento veinte años.

El Señor no dice: cada hombre morirá una vez que logre realizarse, o incluso cuando haya progresado en su evolución espiritual. No, este tipo de consideración le pasa completamente por encima de la cabeza. Es hora de abrir los ojos, no hay amor en él, solo matemáticas. Esta decisión del Señor se produce en el momento del diluvio. Esto es además, lo que se dice del hombre en los siguientes versos: 6.5: Jehová vio que la maldad de los hombres era inmensa en la tierra, y que todos los pensamientos de su corazón iban solo asía el mal. 6.6: Se arrepintió Jehová de haber hecho el hombre en la tierra, y tenía afligido el corazón. 6.7: Y el Señor dijo: yo destruiré de la faz de la tierra al hombre que he creado…

Por lo menos las cosas están claras. Si el Señor esta afligido no es por la idea de exterminar a la humanidad que él creó. No, es debido a la conducta humana, no lo suficientemente dócil para su gusto. De hecho, cuando la Biblia habla de la “maldad de los hombres”, no es cuestión de juicio moral.
De hecho, hay que ver al Señor y sus subordinados como los grandes jefes del CAC 40. Ellos saben que con la antigüedad, los empleados ganan experiencia y son menos manejables. Se hacen conscientes de su situación de explotados y se organizan. Se reafirman, y por poco que les empujen, se declaran en huelga.

De este modo se convierten en “malos” a los ojos del Señor. El Señor decidió deshacerse del hombre antes de que se vuelva inmanejable. Su plan se articula en dos etapas. 1 / Para las criaturas que ya están en lugar, él opera un “despido” en masa. Esto está provocando el black-out conocido como el diluvio. 2 / para la próxima humanidad que renacerá de sus cenizas, y vivirán bajo el gobierno del híbrido Noé, el Señor va a generalizar el “CDD”, el contrato (de vida) determinado.

La esperanza de vida del virus humano ahora será limitada en 120 años. 120 años en el mejor de los casos; si la mercancía se mantiene en perfecta condiciones durante toda su vida. Sin embargo, a cada pega, a cada desfase, a cada exceso, se derretirá esta esperanza para el hombre. Entonces, el Señor hace una pequeña modificación del código genético del virus humano. Un ajuste simple en realidad debido a que el proceso de limitación ya está en el código. Es inherente a la replicación de las células. Matemática e implacable, es una cuenta atrás sistémica, introducida en el corazón del ADN. Así que sin descanso, los decanos de la humanidad desaparecen uno tras otro acercándose a los 120 años, sin superar nunca la fecha de aquel fatídico final. Aquellos que afirmaron que habían vivido por encima de esos años, nacieron en diferentes momentos y en las zonas donde no existían certificados de nacimiento oficiales. Por consiguiente, era imposible saber su verdadera edad. Cuando la edad de nuestros decanos es verificable, nos damos cuenta de que ninguno de ellos supera los 120 años, esta limitación del virus humano que debemos a la ignominia de los Planificadores invisibles que gobiernan este mundo. Sin embargo, nuestra tecnología actual y nuestros progresos en las células madre podrían ayudar a romper esta frontera de “Hayflick” y acceder a una inmortalidad intermedia y convertirse en el equivalente de los falsos dioses. Porque todo lo que se ha hecho se podrá deshacer…

No es casualidad si vivimos en un período que se asemeja a una carrera contra el tiempo entre nuestro estado de entendimiento, y el disparador de un futuro black-out deseado por los falsos dioses, y cuyo proceso obedece, afortunadamente para nosotros, a leyes muy restrictivas.

Ahora aquí hay una clave. Notareis que al acercase el black-out, se invita a Noé a que construyera un Arca. En otra ocasión, otro black-out donde quedara cuyo recuerdo distorsionado de las “plagas” de Egipto. Se invita también a Moisés a que construyera un Arca, el Arca de la Alianza. Otro black-out, el de la mitología griega, donde nos encontramos esta vez con el Arco Epiro. ¿No veis que hay como un mensaje? Arco, Arca… detrás de esta palabra, no hay ni barco, ni altar, ni arcos tirando flechas… El Arco, el Arca, significa una sola y única tecnología enterrada bajo tierra, en el centro de un lago subterráneo, y que está en el corazón del desencadenador del black-out.

Esta “máquina” es el desafío mismo de esta guerra de todos los tiempos cuya batallas apocalípticas dan muerte y nacimiento a las civilizaciones. ¿Cuántos son los emperadores, pobres mortales, quien en la ilusión de su poderío tuvieron la esperanza de crear un nuevo orden mundial de 1000 años, forzando el destino, e imitando la obra de los falsos dioses con la edificación de arcos de triunfo, sin comprender la verdadera naturaleza de lo que se ocultaba detrás de esta palabra?

Continuará el próximo 21 de Febrero 2017
Roch Saüquere

 

Traducido por Encarna Gutiérrez Bautista

Foto: IMAGINA  | Rudyar Artwork

 

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