El verdadero objetivo del proceso de reencarnación (Cápsula 21)

Por lo tanto, lo que se nos presenta como la meta sublime de sucesivas encarnaciones, esta inmersión en el gran “Uno”, este retorno en el famoso gran “Todo” como una gota de agua alcanzaría el océano para fusionar finalmente con el infinito, no es más que una desintegración del alma en la nada.

Si habéis leído las muchas cápsulas que preceden esta, ahora tenéis suficientes elementos para proceder a una relectura concreta de los evangelios y para reinterpretar el verdadero contexto en el que se habló de la palabra crística… Vimos en la última capsula la abominable trampa post mortem que representan par a la humanidad los diez mandamientos dictados por el diablo, el rey de este mundo, Jehovah .

Hemos visto cómo la Ley, que el robot humano -por su propia naturaleza- es incapaz de respetar en su totalidad, condena de facto a los “comandos de élite” (las almas humanas) al infierno, es decir, perpetuar el ciclo infernal de reencarnaciones cuya finalidad es la desintegración de los recuerdos del alma. Es necesario dar alguna aclaración sobre la grave impostura que representa el concepto de reencarnación.

El pacto concluido entre Yahvé y los hombres alrededor de los 10 mandamientos y que conduce a la trampa de las reencarnaciones se refiere a los pueblos que han aceptado vivir bajo la obediencia de las tres grandes religiones monoteístas cuya sumisión a la Ley es el fundamento. ¿Qué pasa con los demás pueblos? Como se lo pueden imaginar, todos los “comandos de élite” (almas) son codiciados por “los parásitos” que han concebido la realidad en la que nos encontramos. De hecho, las otras religiones importantes, el budismo y el hinduismo no necesitan usar la trampa de los Mandamientos, ya que la adhesión a los principios de la reencarnación está en el corazón de su sistema de creencias. El budismo defiende el principio de las reencarnaciones (bajo el término de renacimiento) mientras que niega la existencia del alma, quien en un plazo extremo favorece su disolución. En cuanto al hinduismo, integra el principio de las reencarnaciones (incluso en un cuerpo animal) como una fatalidad contra la cual es inútil luchar. En ambos casos, no hay escape posible para el adepto que profundamente ya ha admitido a sí mismo su sumisión a otra Ley, la Ley del Karma.

Por lo tanto, cualesquiera que sean sus creencias, una vez en el astral, el “reino de los muertos”, que no es más que una configuración desplazada de nuestro mundo real, el “Comando de élite” profundamente condicionado seguirá dócilmente el programa que se le atribuye y que lo conducirá irremediablemente hacia su próxima encarnación que se le presentará como una oportunidad preciada.

Notemos finalmente que el Nuevo Testamento se abstiene de abordar este tema capital. ¿Podemos hablar de censura aquí? Eso es obvio. Algunos pasajes, sin embargo, han pasado a través de las mallas: “Mateo 11.11 Os digo verdaderamente, entre los nacidos de mujeres, no apareció mayor que Juan el Bautista. Sin embargo, el más pequeño en el reino de los cielos es mayor que él. 11.12 Desde el tiempo de Juan el Bautista hasta ahora el reino de los cielos es forzado, y son los violentos quienes lo toman. 11.13 Porque todos los profetas y la ley profetizaron hasta Juan; 11.14 Y si lo queréis entender, él es el Elías que debía de venir. 11.15 Quien tiene oídos para oír, oiga.

No hay necesidad de ser sabio para entender al leer este pasaje que no todo se dice sobre este tema. La fórmula “Quien tiene oídos para oír, oiga”, sirve como mensaje codificado colocado ahí por los escribas censores para señalar un pasaje cortado. Es el equivalente de nuestras abreviaturas y emoticonos de hoy. Es una invitación a consultar los archivos para saber más: quien tenga acceso a los textos originales vaya a consultarlos.

Para hacer que todas las almas acepten el ciclo perpetuo de las encarnaciones, esta abominación que encierra a los “Comandos de élite” en una espiral destructiva, una filosofía falaz se ha desarrollado. Más allá de la problemática religiosa, se ha extendido y suscitado simpatías incluso entre aquellos que se dicen ateos. Hay que decir que el virus humano (el Ego) está programado para estar siempre en busca de la vida eterna. No podía no ser seducido por esta teoría que presenta la reencarnación como un proceso de evolución, una espiral ascendente cuya recompensa final consiste en alcanzar la perfección para regresar a la “Fuente”.

Esta falsa visión es completamente absurda. ¿Cómo podemos creer que el abuso y el sufrimiento soportados en un ambiente hostil e inadecuado pueden tener algún efecto de mejora en la naturaleza de la persona que sufre esta tortura? Varios hechos diarios nos traen pruebas cotidianas del contrario. El hinduismo prevé – es cierto – la posibilidad de una regresión del alma. Pero en realidad la regresión no es una posibilidad, es inevitable. Debido al formateo puesto en marcha por los falsos dioses y que comienza con el nacimiento del robot humano, la reencarnación es un proceso de perdición y desintegración del alma. Tiende a desintegrar las sucesivas capas de recuerdos del “comando de élite”. El alma comienza olvidando el porqué de su encarnación, el propósito de su misión en la tierra, y al final del proceso, olvida su origen y su naturaleza crística. A fuerza de encarnaciones, el alma pierde pie poco a poco, se olvida y se desintegra en mil millones de átomos que gradualmente se funden en el sustrato del ego. Por lo tanto, lo que se nos presenta como la meta sublime de sucesivas encarnaciones, esta inmersión en el gran “Uno”, este retorno en el famoso gran “Todo” como una gota de agua que alcanzaría el océano para fusionar finalmente con el infinito, no es más que una desintegración del alma en la nada. Muchos ya han caído en la trampa; muchos están atrapados y caerán de nuevo. Se fusionarán y luego se volverán tan entretejidos con el “virus humano” que puede ser imposible salvarlos cuando esta realidad vuelva a su lugar original, el día del Juicio Final como la Tradición lo llamó. El sistema de reencarnación es, por tanto, la abominación final imaginada por nuestros falsos dioses que han echado mano a esta parte de la creación. Esta horda de “Extraterrestres” en desacuerdo embarcó irrevocablemente en una guerra contra las fuerzas Crísticas, llevando al mundo hacia el Armagedón en el que el alma humana (todos nosotros) tendrá que elegir su bando y mantener su papel. Despertar o abdicar…

Podemos deducir de todo esto lo siguiente: menos un alma se reencarna, más será capaz de recordar su naturaleza original. Esta verdad es aún más visible a escala de las civilizaciones. Basta con mirar a los restos extraordinarios que nos han dejado los ancianos. La perfección de las obras antiguas, la pureza matemática de sus edificios nos demuestran que antiguamente los ”comandos de elite” conocían mejor que nosotros el idioma de los ángeles y estaban más cerca de lo divino que nosotros. El paso del tiempo es, pues, como un barco que nos lleva lejos, y que, de escala en escala nos aleja un poco más de nuestras raíces… De ahí la importancia de resistir; para liderar la lucha y lograr el propósito por el cual nos encontramos en la tierra: despertar las Conciencias dormidas en nosotros y, en buen pirata, procurar evitar que se lleve a cabo el próximo “Black-out” que sumergirá de nueva la humanidad en una nueva época en la que todo volverá a empezar de nuevo desde cero. Esta misión recae en nosotros. Sólo tenemos que aceptar la verdad.

Pocas almas consiguen dominar el “virus humano” (el ego) y preservar la integridad de su esencia divina. Aquellos llegan al rango de maestros espirituales, como Maître Philippe o Bruno Groening.  A imagen de un San Jorge que domesticó al dragón, estos seres raros han conseguido dominar el “virus humano” que cohabita con ellos. Se han liberado parcialmente de todas las Leyes (10 mandamientos, Karma, pero también de las leyes de la física). Una vez en el más allá, gozan de cierta autonomía del sistema concebido por los falsos dioses. A diferencia de otras almas cada vez más apegadas a la materia y al ego, pueden elegir el momento de su regreso a la Tierra. Y por último, si se arriesgan a volver, es por su cuenta, porque sienten que ha llegado el momento de ponerse la Armadura y ayudar al despertar de los… “muertos vivientes” que literalmente todos somos. Ellos son asistidos en esta tarea por la intervención de las naves (ovnis) piratas que se infiltran en nuestra dimensión y llevan a cabo un programa genético con el objetivo de crear cuerpos destinados a recibirlos. Los cuerpos así concebidos no sufren completamente el formateo que parte del primer aliento del robot humano. En menor medida, esto también puede ser el caso para todos aquellos que han experimentado coma o casi han muerto en el momento de su nacimiento, o sufrieron un trauma severo durante su temprana infancia. Naturalmente, las naves de los falsos dioses se activan para contrarrestar este plan. También se han tomado otras medidas para tratar de evitar estas ” inmaculadas concepciones”, es decir, la llegada de “comandos de élite” con una memoria casi completa.

En este período pivotal de la guerra espacio-temporal, por lo tanto, es de esperar que los falsos dioses quieran recuperar el control de la producción del ganado humano. Se ha puesto en marcha un programa acelerado de esterilización con el uso sistemático de la procreación con asistencia médica como solución y luego como el único estándar universal para la reproducción controlada, igualitaria y efectiva. Con una piedra pegan dos golpes, también será el medio para hacer desaparecer la célula más pequeña de resistencia al Nuevo Orden Mundial, la familia. Esta puesta en marcha es rápida, pero todavía tenemos tiempo para combatir juntos este futuro, en seres despiertos a los que somos conducidos a llegar a ser. A la imagen de John Connor en Terminator Salvación, terminaría diciéndoles: si leen esta cápsula, sois la resistencia.

Continuará… cita el 27 de Octubre 2017

Roch Saüquere

 

Foto: IMAGINA Fleeting | ANDREJ REMNEV

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